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¿Y tú qué eres? ¿Pollo o pato?


Si me hubieran hecho esta pregunta hace unos meses no habría sabido qué responder. Imagino que después de pensarlo un rato habría querido argumentar que prefiero ser pato por la libertad de poder volar, vivir en un entorno agradable e incluso cambiar de residencia buscando el buen tiempo…

Pero tras varias conversaciones interesantes con alguien a quien admiro mucho, ahora puedo afirmar con seguridad que quiero convertirme en un pato en el entorno profesional y en mi vida personal.

¿Y por qué quiero ser un pato?
 
 

Porque como me ha explicado Alejandro Costa, las personas recibimos el feed-back de nuestra actividad continuamente y esta retroalimentación de información la percibimos como una especie de cubo de agua fría que nos tiran encima.

Ante un feed-back que nos dé alguien podemos reaccionar de dos formas: como un pollo o como un pato.


Cuando el pollo se queda mojado y sorprendido le cuesta reaccionar, está incómodo, desorientado y lo más probable es que se sienta mal.
 
Pero cuando al pato le arrojas agua de golpe, se sacude rápidamente y es capaz de seguir nadando como si no hubiera ocurrido nada anormal o desagradable, porque de hecho el agua forma parte de su medio natural.

Si pensamos en una evaluación del desempeño en la mayoría de las organizaciones, en concreto en el feed-back que se recibe por parte de los responsables, estaremos todos de acuerdo que en demasiadas ocasiones la gente sale del despacho de su jefe con aspecto de pollito mojado y desorientado, en lugar de un pato que nada contento, ¿verdad?
¿Es posible cambiar esto?
 
 

Desde que me interesa aprender sobre la gamificación aplicada a la gestión de personas, me he dado cuenta de la cantidad de horas que dedicamos al trabajo en un ambiente de tensión, conflicto, enfados, discusiones, seriedad, etc.

La  semana pasada tuvimos en casa un “finde muy hogareño” por varias cuestiones de salud y lo dedicamos a estrenar todos los juegos de mesa que los Reyes Magos habían traído a mis hijos.

Hubo momentos de alta competitividad (aquí entono el mea culpa), risas, complicidad, estrategias, etc. pero lo que predominó en todos los juegos fue el entretenimiento y el buen clima.

Así que uniendo ambas situaciones no puedo evitar reflexionar por qué no utilizar estrategias de juego en un entorno profesional para que podamos cambiar una rutina, aprender algo, debatir un tema o hacer cualquier otra cosa en un entorno más relajado, con menos rigidez y que además nos motive.

Reconozco que no suena fácil, pero desde luego no es algo imposible de conseguir y como me encanta poder poner ejemplos de personas y organizaciones que se arriesgan y hacen las cosas de otra forma, hoy quiero compartir el caso de C&G.

 
Cuando Alejandro me llamó este verano para presentarme un proyecto y pedirme mi feed-back, no podía sospechar que se trataba de algo tan rompedor, pero así, de repente y por sorpresa conocí a Paconica.

 
Paconica es un sistema de gestión de recursos humanos que utiliza técnicas de gamificación cuyo objetivo es aumentar la motivación y el “engagement” de las personas de la empresa.

 


Lo que más me fascina de este sistema no es que permita una comunicación multidireccional o gestionar la inteligencia colectiva, sino que sirve para medir el desempeño de manera objetiva,  democrática y ¡divertida!!!

Paconica está diseñado con algunos de los principales elementos de juego: badges que asignan unas personas a otras, ranking,  dinero virtual que se puede intercambiar por cursos, equipos informáticos, etc.

 ¿Y por qué su logo son dos patos? Pues porque está basado en la filosofía del feed-back pato.
 

Teniendo en cuenta que se trata de hacer tangible el salario emocional en el que desgraciadamente muchas organizaciones aún no quieren ni oír hablar sobre él, me parece absolutamente revolucionario.

 
Os dejo unos vídeos para que podáis comprobar por vosotros mismos que es posible una gestión de personas humana, innovadora y que confiere al trabajador un rol activo en el desarrollo de la propia organización.

¡Todo un ejemplo a seguir!

 

http://www.youtube.com/watch?v=EyY5PQg0WuQ&feature=youtu.be
 
 
http://www.youtube.com/watch?v=3fuO2cL1qIU&feature=youtu.be
 
 
"El trabajo consiste en lo que un organismo está obligado a hacer; el juego consiste en lo que un organismo no está obligado a hacer."
                                                                                                                                           Mark Twain
 
 
                                                                                                                                         

La presunción de profesionalidad


No soy abogada ni experta en la materia, pero siempre me ha gustado el derecho de la presunción de inocencia recogido en el artículo 24 de la Constitución Española.
La presunción de inocencia es un principio jurídico que establece la inocencia de la persona hasta que se demuestre su culpabilidad mediante un proceso judicial.
De un modo similar, me gusta creer en la presunción de profesionalidad de las personas hasta que se pruebe lo contrario.

Palacio de la Justicia de Roma, foto de Óscar Marín
 
Nunca me han gustado frases o refranes del estilo: “Piensa mal y acertarás”, “No esperes nada de nadie, es preferible estar sorprendido a estar decepcionado”, “Debemos desconfiar unos de otros. Es nuestra única defensa contra la traición”, etc.
 
Confío en las personas hasta que me convenzan de que no son dignas de mi confianza, porque creo que el ser humano no es malo por naturaleza y porque los prejuicios restan oportunidades a las personas. Como decía Victor Hugo:
"Amigos míos, retened esto: no hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores."

¿Qué ocurre cuando en el entorno laboral alguien no actúa como esperamos ética y/o profesionalmente? En mi caso sufro una gran decepción, pero procuro recuperarme rápidamente para ser capaz de “neutralizar” a esa persona y que el impacto en mi trabajo, en la organización y en el equipo sea lo menos nocivo posible.
En el entorno laboral mi gestión de expectativas es alta, lo admito, espero profesionalidad por parte de cualquier persona con la que tenga que trabajar o colaborar.
¿Me he llevado decepciones por esta gestión de expectativas?
 Sí, claro, muchas.
 
¿He experimentado trabajar con alguien que carece por completo de profesionalidad?
Sí y he sentido la frustración que produce tal estado. 

A pesar de todo, ¿merece la pena seguir creyendo en la presunción de profesionalidad?
¡Sin duda alguna!
 
Algunos me podrán tildar  de confiada en exceso o inocente, pero ¿cuándo fue negativo tener  fe en las personas?
A medida que vamos cumpliendo años vamos perdiendo esa fantástica inocencia que caracteriza a los niños, que les hace ser espontáneos y en ocasiones hasta decir algo inoportuno en un determinado contexto.
Las experiencias vividas, en especial las que nos han hecho sentir mal, van despojándonos de la ingenuidad de la infancia y hasta cierto punto este aprendizaje es positivo, porque nos vuelve precavidos y porque esas vivencias nos ayudan a desenvolvernos mejor en circunstancias parecidas.
No obstante, ¿es necesario volverse desconfiado para triunfar profesionalmente? Muchos expertos responderían que sí, mi respuesta es un rotundo NO.
Es importante distinguir entre confianza e ingenuidad.
 
No veo muchas posibilidades de éxito en una relación donde falle la confianza, aunque esta relación sea de carácter laboral.

 ¿Siguen siendo los “profesionales tiburones” los que llegan a puestos directivos?
Desde hace años van perdiendo posiciones a medida que evoluciona la sociedad y las personas que conforman la empresa empiezan a ser intolerantes ante determinadas conductas y comportamientos.
 
¿Tienen los jefes tóxicos los días contados? Creo firmemente que sí, aunque aún falte tiempo para que sean una especie en extinción, pero llegará el día, como les llegó a los dinosaurios y eran más grandes y fuertes.
Los momentos que estamos viviendo obligan a las empresas a transformarse, porque son organizaciones sociales y por lo tanto son las personas quienes las sustentan y generan el valor del negocio  
 
 
Un profesional es un ser humano en su dimensión más general y completa: con su experiencia vital, su carácter, su compromiso, su talento, sus relaciones familiares, su estado de ánimo, etc.
Un profesional es una PERSONA, no es un autómata que se limita a ser productivo dejando sus emociones en la puerta de la oficina, a pesar de que a muchos CEOs y directivos les gustaría que funcionara así, especialmente a aquellos que cuando oyen hablar de inteligencia emocional en la empresa les recorre un escalofrío por el cuerpo. 
La dirección por valores, las empresas con alma, la responsabilidad social no son conceptos nuevos ni mucho menos pero… ¿qué está pasando?
¿No tenéis a veces la sensación que esos equipos directivos y CEOs que deberían estar en peligro de extinción han vuelto a recuperar terreno?
¿Soy solo yo o vosotros también sentís que la crisis está empezando a servir como excusa a algunos para ser más relajados con la ética y la moral en el entorno laboral?
 
No ha transcurrido mucho tiempo desde que una cita desde el departamento de personal generaba tensión y miedo. Pero hoy, quienes trabajamos en Recursos Humanos, es decir para las personas y por las personas, debemos desprendernos del concepto de RECURSOS y acentuar la parte de HUMANOS.
Para algunos directivos todo vale, en especial, actuar con falta de ética personal y profesional por dinero, por intereses propios y olvidando por completo el valor de las personas.
 
Hay compañías que aparentan esforzarse en parecer inhumanas: despidos agresivos, eliminación de presupuestos para formación y desarrollo del talento, mayor discriminación de género y discapacidad, abusos de horarios y cargas de trabajo, etc.
Todo esto sucede en una coyuntura donde los profesionales necesitan confianza, empatía, comunicación abierta, respeto y apoyo para poder hacer que las empresas y los proyectos salgan adelante.
 
 
Tengo el apoyo de grandes amigos y compañeros de profesión que pensamos seguir luchando con calma, con perseverancia y con entusiasmo para que los directivos tóxicos tengan los días contados, para que la presunción de profesionalidad no sea un ejercicio de inocencia y para que los buenos profesionales sean personas valoradas por su aportación a la empresa y en su dimensión humana.
No todo vale en la vida y en las empresas tampoco.
No sé vosotros, pero yo ME QUEDO CON LAS PERSONAS.
 

¿Qué soledad es más solitaria que la desconfianza?
                                                                                                               George Eliot
 
*Este post es la reflexión del artículo que escribí para Zyncro.
 


Diversidad generacional en la empresa


GESTIONAR LA DIVERSIDAD CORPORATIVA:

                                                El reto de RRHH


Esta semana que finaliza hoy ha sido excelente tanto personal como profesionalmente por varios motivos.

El martes tuve la gran suerte de asistir a un acto en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad acompañando a mi Director General para recoger el certificado EFR junto a 78 empresas más. 





Como dice Eugenio de Andrés en su post: apostar por la conciliación en estos tiempos es cosa de locos. 
Será una locura para algunas empresas, pero cómo alivia y anima comprobar con tus propios ojos que progresivamente aumenta el número de las que se suman a esta nueva gestión de personas más humana. 
Dos años de intenso trabajo tuvieron su recompensa oficial en este acto. 

El miércoles celebramos una sesión del  Foro de empresas EFR en Andalucía. Aún somos pocas las que integramos el foro, pero poco a poco vamos sumándonos a esta iniciativa y estoy convencida de que en unos años habremos duplicado el número actual. 
En esta ocasión nos reunimos para hablar sobre un tema muy interesante y pocas veces debatido: la gestión de la diversidad generacional en las empresas.

Y por último y no menos importante, el viernes fue un día muy especial porque pude estar con todos los compañeros y compañeras del grupo #rrhhmad. Compartir tiempo y conversaciones con tan grandes profesionales unidos por una nueva visión de los RRHH, fue la mayor inyección de vitalidad e inspiración posible. Volví a Sevilla contenta, con las pilas cargadas y motivada para seguir trabajando y esforzándome en mejorar la profesión de los RRHH y adaptarla a la nueva realidad socioeconómica.

Pero el post de hoy lo voy a centrar en las reflexiones y conclusiones que extrajimos de  la reunión del Foro EFR Andalucía sobre las distintas generaciones en una empresa.

En la década de los años 70 el término diversidad empezó a utilizarse para referirse principalmente a las minorías que había en el mercado laboral, como las mujeres. Desde entonces el concepto de diversidad ha ido desarrollándose y adquiriendo otro significado.


Cuando en el mundo de la empresa hablamos de gestión de la diversidad, pensamos en  personas con discapacidad, de distinto género, cultura y raza, pero nos olvidamos de las generaciones.
Con frecuencia leemos, oímos y comentamos que por primera vez en la historia cuatro generaciones comparten un mismo entorno laboral pero en la práctica, las empresas no tienen una percepción sobre el impacto de la diversidad generacional.

Cuando la dirección de una empresa diseña las políticas de gestión de personas, lo habitual es que no considere que existe una brecha generacional entre quienes diseñan estas políticas y los destinatarios de las mismas. 

El aumento de la edad de jubilación, la tasa de desempleo y la dificultad de los jóvenes para acceder al mercado laboral, configuran un escenario complejo en el que se hace imprescindible aprender a gestionar el conocimiento y el talento, respetando las generaciones presentes en la empresa. 

A medida que un profesional va cumpliendo años va perdiendo empleabilidad, algo que se explica difícilmente  ya que el incremento de edad es proporcional al aumento de la experiencia y los conocimientos que va adquiriendo.

Ahora planteémonos algunas preguntas: ¿se preocupa la dirección de la empresa generalmente por el colectivo de trabajadores mayores de 55 años? ¿O por el contrario se buscan vías para ir desprendiéndose de éste progresivamente? ¿Se diseñan planes de sucesión y reemplazo de profesionales? 

En numerosas ocasiones y sobre todo en determinados sectores como la banca, se ha abusado de las prejubilaciones de manera indiscriminada. En estos procesos para reducir plantilla y reducir costes no se valoraban el talento, la experiencia, los conocimientos o la valía profesional, sólo se fijaba el criterio en la edad y se asimilaba el ser “mayor” como algo negativo.  
El criterio de la edad para realizar una reducción de plantilla es sencillo pero equivocado. No existe una relación entre la edad y el talento, los profesionales más maduros no son peores ni los más jóvenes mejores. Las competencias están en la persona no en la edad. 

Desafortunadamente, el contexto económico actual provoca la necesidad de que muchas empresas deban continuar reduciendo personal para poder subsistir, es entonces cuando aparece otro reto para los responsables de RRHH, vigilar e intervenir para que en la compañía no se produzca el edadismo, un proceso de discriminación hacia las personas por el simple hecho de ser mayores.

¿Por qué debe cambiar el paradigma de la gestión de personas? 
La pirámide de edad que empieza a configurarse indica que en el año 2050 la población española será la más anciana de la Unión Europea, la edad de jubilación se atrasará y será necesario saber gestionar bien las diferencias generacionales que van a convivir en la empresa durante un largo período de tiempo. Nuestro mercado laboral estará inundado de nativos digitales y su saber hacer en entornos virtuales cambiará definitivamente la forma  de comunicar, de trabajar y de gestionar el conocimiento.

La mayoría de los planes de gestión del talento tiene como destinatarias las generaciones más jóvenes, olvidando poner en valor las experiencias y conocimientos de las generaciones mayores, lo que supone un gran error porque resulta primordial aprovechar todo el talento de la organización para alcanzar el éxito.
Las personas de las generaciones de veteranos o baby boomers aportan mayor serenidad y perspectiva en el trabajo, mientras que las personas pertenecientes a las generaciones X e Y, sobre todos los nativos digitales, tienen una gran capacidad de colaboración y trabajo en red, comunican abiertamente, tienen iniciativa y no temen a la innovación. 
La empresa que sea capaz de visualizar y equilibrar todas estas diferencias complementarias conseguirá ser mucho más competitiva.

La diversidad generacional es diversidad de valores, expectativas, preferencias y formas de entender el trabajo y la autoridad. Gestionar la diversidad se refiere a conseguir que las diferentes visiones, pensamientos y formas de ser de las personas de la organización se conviertan en una ventaja competitiva.
La gestión de la diversidad generacional no puede ser igual en todas las empresas, debe adaptarse a cada organización.

Algunas de las ventajas que tiene implantar políticas de diversidad en la empresa son:  

1) Fortalecimiento de valores culturales 
2) Mejora de la reputación 
3) Atracción y retención del talento 
4) Incremento de la motivación y la eficiencia de los profesionales de la organización 
5) Aumento de la innovación y creatividad 

La empresa ha de reconocer, admitir y respetar las diferencias que se dan internamente. Para que una empresa alcance el éxito es necesario contar con un personal altamente cualificado, innovador y diverso. La homogeneidad no aporta valor, no se puede obtener una visión diferente, son las diferencias las que generan innovación

La empresa es responsable de gestionar bien la diversidad de generaciones presentes en ella, pero también las personas son responsables de su evolución y adaptación.

"La sociedad humana constituye una asociación de las ciencias, las artes, las virtudes y las perfecciones. Como los fines de la misma no pueden ser alcanzados en muchas generaciones, en esta asociación participan no sólo los vivos, sino también los que han muerto y los que están por nacer."
Edmund Burke


¿Eres capaz de inspirar a los demás?


Continuando con el tema que ha centrado las últimas entradas del blog, el liderazgo, le he pedido a @pemardi que cuente su visión sobre el liderazgo inspirador, del que hemos conversado en numerosas ocasiones.

A lo largo de nuestra vida profesional nos cruzamos con personas que dejan una huella en nosotros, nos inspiran, nos motivan y se hacen merecedores de nuestra confianza y nuestro compromiso. Estos líderes que trabajan desde la inspiración son capaces de generar culturas y entornos en la organización que favorecen el aprendizaje y la innovación. Saben motivar desde una dimensión humana y una de las claves de su éxito es la capacidad de aflorar la autonomía de sus seguidores y obtener lo mejor de sí mismos.
Inspirar no es liderar, es ir más allá. 

Aquí os dejo sus reflexiones.
Pedro, gracias por tu colaboración.


LIDERAR DESDE LA INSPIRACIÓN 


Algo habitual en nuestras vidas ocupadas y a veces pilotadas automáticamente es que podemos empezar a cambiar el sentido de la inspiración por el de la simple expectación, por ver qué pasa en vez de generar nuestra propia manera de hacer. Si lideramos con excelencia, nuestro papel principal debe ser el de inspirar a aquellos que nos rodean, sabiendo que si alguno de nuestros compañeros y colaboradores se siente movido por alguien en quien confía, el problema de generar expectativas deja de existir, las personas confían en sus líderes, no es necesario “vender la moto”. De hecho, en mi experiencia personal, el hecho de generar expectativas necesita después tener que gestionarlas, lo que baja el listón motivacional y aleja al equipo del auto crecimiento y de funcionar al máximo de su potencial.

Echando un vistazo al trabajo y a las relaciones profesionales de cada día, las expectativas pueden a veces cegar o bloquear nuestra capacidad de ver con claridad. Cuando esperamos una conducta o un resultado sólo miramos esa faceta de la situación y nos perdemos el resto de sensaciones involucradas en esa relación profesional, todo tiene muchos matices.

Una situación que puede ilustrar lo que estoy contando puede ser el comentario de un participante en uno de los cursos que he impartido recientemente, un curso sobre el concepto de liderazgo en el que tratamos cuestiones relativas a la necesidad de escucha, empatía y asertividad. Me decía este participante que cuando alguien se pone en disposición real de escucha, realmente está yendo más allá de hacer justamente eso: escuchar, porque además está sintiendo. Comentaba lo siguiente: “Nuestro trabajo sería mucho mejor si nos parásemos a escuchar lo que un compañero o un cliente nos dice, si nos involucrásemos de verdad en la necesidad del otro y, sobre todo, si no anticipásemos, según nuestras propias creencias, experiencias y expectativas, lo que intuimos que van a decirnos.”

Esta percepción es más que cierta y no sólo en el trabajo. En casa es también evidente cuándo escuchas y eres escuchado o cuándo simplemente eres oído.

Si asistes a una reunión o mantienes una conversación con una serie de expectativas preestablecidas sobre su resultado, estás limitando lo que vas a descubrir y lo que vas a aprender de ésta.

En el mismo sentido, el desarrollo y los resultados en cualquier proyecto están acotados por lo que esperas obtener, igual que una conversación está condicionada por lo que esperas escuchar, adelgazando enormemente la posibilidad de crecimiento y de mejora. Este “estado mental” es la misma piedra con la que tropezamos mil veces cuando pretendemos desarrollar un ambiente creativo y respetuoso en nuestro equipo de trabajo.

Por lo tanto, si la inspiración es una mejor manera de guiar y generar influencia en vez de establecer expectativas, ¿cómo podemos inspirar? La inspiración necesita de la personalidad del líder, la capacidad de ver con claridad qué está pasando en este lugar y en este justo momento en vez de mirar sólo en función de expectativas, la inteligencia de intuir el potencial de creatividad ilimitada de nuestros compañeros, la habilidad de permitir que tu equipo se equivoque y apoyarlo y la grandeza de estar abierto a tener en cuenta lo que surja como elemento de mejora.

Si te apetece hacer el experimento, echa un vistazo a lo que tienes puesto en tu agenda para esta semana, relájate en tu silla y hazte estas preguntas:

• ¿Qué podría haber hecho mejor si hubiera mantenido las reuniones de ayer con la mente abierta en vez de haber ido con mis propias expectativas y con unos objetivos cerrados?

• ¿Puedo dejar de esperar algo en concreto y de una determinada manera de mi equipo, de mis jefes, de mis hijos o de mis amigos y simplemente estar presente con la real intención de escuchar?

• ¿Podría esta franqueza inspirar a otros a salir de su “zona de confort” y generar un clima de mayor confianza?

La mejor consecuencia de ejercer el liderazgo con responsabilidad es la de desarrollar nuevos líderes.
Cuando no nos limitamos a generar expectativas, sino que actuamos desde una dimensión humana, desde la humildad, y lo que decimos y hacemos es coherente con nuestro liderazgo, es cuando transmitimos respeto, visión, pasión, compromiso, arte e inspiración.

Los mejores líderes generan equipos y personas que saben actuar con autonomía, perdiendo el miedo al peligro de equivocarse porque se sienten respaldados; engendran profesionales seguros de ellos mismos, capaces de asumir retos sabiendo que las consecuencias serán siempre buenas, si fallan porque tienen una red y si triunfan, porque sabrán que se les va a reconocer. Liderar no es tirar de un carro o empujar a otros a que tiren, liderar no es exhibir plumas como un pavo real.

Pero entonces, ¿cómo trabaja un líder inspirador?, ¿cómo inspira a sus equipos? Es principalmente por las siguientes cualidades por las que se reconoce a un auténtico líder inspirador:

1. TENER UNA ACTITUD INTERIOR POSITIVA

¿Cómo, en primer lugar, tener una influencia positiva sobre el equipo si no se tiene plena conciencia del poder que se ejerce sobre ellos en un momento dado? Una influencia que depende de nuestros actos, suscita en cada persona todo tipo de reacciones, desde la hostilidad hasta la admiración, pasando por la indiferencia. En efecto, siempre ejercemos alguna influencia, consciente o inconscientemente, a través de lo que hacemos y de lo que decimos en función de nuestras actitudes interiores.

Siendo esto así, el líder debe conocerse a sí mismo para adquirir progresivamente una actitud interior positiva: confianza, comprensión, espíritu constructivo de cara al futuro. Una actitud que le permita ejercer una influencia positiva sobre el equipo y sobre un número creciente de personas.

2. FOMENTAR LA EMPATÍA

El segundo factor que convierte a un líder en inspirador reside en su aptitud empática, que es la facultad de ponerse en el lugar de su equipo, sentir lo que sienten, identificarse con ellos. No olvidemos que aunque las personas actúan principalmente de manera racional, esto no excluye que su comportamiento y sus actividades sean en gran medida el resultado de factores emotivos.

¿Es necesario insistir, en la línea de Maslow, en el hecho de que las personas buscan realizarse en su trabajo, obtener una satisfacción? Corresponde al líder saber descubrir en sus colaboradores una ambición (sin duda diferente de una persona a otra), con el fin de permitirles satisfacerla en su trabajo.

Es imprescindible esforzarse por conocer al equipo, interesarse por ellos, intentando comprender sus actitudes y sus sentimientos. Y no sólo en el trabajo, sino también fuera del entorno profesional.

3. SABER DECIDIR Y CORRER RIESGOS

Uno de los factores esenciales, quizás el más importante, del liderazgo es la capacidad de asumir sus funciones de responsable. Ahora bien, ¿qué esperan las personas a las que dirige? Que les lleve al éxito. La motivación es una primera condición para ello. La segunda depende de la cualidad fundamental que se le exige a un líder: la capacidad de tomar decisiones, lo que implica poseer las competencias requeridas y, sobre todo, aceptar los riesgos inherentes a estas decisiones. Correr un riesgo cada día, para construir cotidianamente el futuro de la empresa, y aceptar y asumir sus consecuencias.

Un buen profesional de los RRHH podría identificar qué tipo de líder tiene cada equipo de trabajo observando el comportamiento de esas personas en un contexto profesional. Sabremos que un líder inspirador tendrá a su lado a personas alegres, con espíritu para arriesgarse, responsables, divertidas, relajadas, trabajadoras y optimistas ante el futuro.

Por último, tengamos en cuenta una reflexión final: una persona sólo puede ser un buen líder inspirador para los demás cuando lo sea para sí mismo.



"El mejor maestro es el que sugiere en lugar de imponer, e inspira a sus oyentes con el deseo de aprender"
Edward G. Bulwer-Lytton