Mostrando entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta discriminación. Mostrar todas las entradas

¿Procesos de selección o pruebas de casting?


Parece suficientemente extendido que el concepto de belleza es algo subjetivo así como que el hecho de que los cánones de belleza van evolucionando a lo largo del tiempo y dependiendo del tipo de cultura.

La belleza está asociada a la hermosura. Se trata de una apreciación subjetiva: lo que es bello para una persona, puede no serlo para otra. La descripción de una persona como físicamente atractiva se suele basar en una combinación de belleza interior (elegancia, encanto, inteligencia, personalidad, simpatía...) y belleza exterior (aspecto físico). ¿Pero qué relación puede tener la belleza con las competencias para desempeñar un puesto de trabajo?

 
Se define como lookism o discriminación estética cuando una persona es tratada de forma inferior porque su imagen personal no encaja con el ideal de belleza establecido en la sociedad en la que vive. Esto incluye peso, color de piel, estatura, figura, rostro, transición en cambio de sexo, etc.

Este término nació en los años 70 en Estados Unidos. Lo utilizó el diario Washington Post al comunicar una noticia referente a la defensa de derechos humanos por las personas de tallas grandes.

 


 

 
La discriminación estética en los procesos de selección siempre ha existido pero parece que vamos acostumbrándonos a que sea algo cada vez más habitual.

¿Cuándo hemos empezado a cambiar el requisito de “buena presencia” en las entrevistas de selección por el de “casting de belleza”?

 

“Las personas con una desventaja estética tienen una vida mucho más difícil: se les exige más y se les reconoce menos”.

Juan San Andrés

 
El pasado mes de septiembre se publicaba la noticia de que Air India despediría a 125 empleados por sobrepeso. La compañía argumentaba que a menor masa corporal de sus trabajadores más dinero ahorraba en combustible, de manera que les ofreció 18 meses para bajar de peso.

Me pregunto si los directivos de Air Indica han reflexionado además de qué trabajadores tienen algún kilo de más, quién de estas personas es excepcional en la realización de sus tareas. ¿Realiza esta misma compañía aérea evaluaciones de desempeño para calcular el coste económico que tiene tratar mal a un cliente? ¿O se queda solo con cuántos kilos pesan sus empleados?

Veremos con el tiempo si les sale más rentable ahorrar en combustible con trabajadores en peso ideal o pagar readmisiones y costes judiciales.

 

Pero, ¿nos pueden despedir por ser físicamente poco agraciados o por tener sobrepeso?
Las estadísticas afirman que tienen más posibilidades de sufrir discriminación laboral las personas que no responden a los cánones de belleza y reciben un menor salario, pero paradójicamente, ser muy atractivo también puede ser causa de despido. Demencial, ¿no?

 
Ya vivimos una enorme falta de igualdad de oportunidades en el acceso al empleo por razones de género, etnia, religión, edad, discapacidad… ¿Tenemos que sufrir además que algunas empresas utilicen criterios de aspecto físico para contratar y gestionar equipos?

 
“Se estima que a una persona con sobrepeso le cuesta cuatro veces más conseguir empleo que a una persona en un peso socialmente aceptable”.

ONG Healthy at Every Size

 
 
Desde el punto de vista legislativo, no contratar, despedir, impedir un ascenso o establecer condiciones de empleo dependiendo de la apariencia física vulneran los derechos fundamentales a la dignidad y a la propia imagen, pero ¿cómo se puede probar que la decisión de la empresa se debe a estos motivos? A no ser como que se haga de manera explícita, como en el caso de Air India, sería imposible.

En España, el artículo 14 y el 18 de la constitución contempla derechos fundamentales relacionados con este tema:

“Todos los españoles somos iguales ante la ley, sin que pueda haber discriminación alguna por cualquier condición o circunstancia personal o social.”

“Se garantiza el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen”

A pesar de todo, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de la comunidad valenciana del 9 de mayo de 2012 dictaminaba que los despidos motivados por la obesidad del empleado no son nulos, sino improcedentes. De esta manera no se entiende como un motivo de discriminación el despido por dicha causa.

 
Estoy de acuerdo con que hay profesiones en las que la imagen tiene gran importancia, como puede ser la de modelo, pero son la minoría. No concibo un mundo en el que solo tengan cabida las personas que cuenten con belleza exterior y unas medidas físicas casi perfectas para los estándares de la sociedad.

El aspecto externo de un profesional puede llegar a ser relevante para su trabajo, sobre todo en puestos donde el contacto con el cliente es clave, pero por favor no confundamos una buena presencia física con condiciones de belleza.

No es sorprendente encontrar en los contratos cláusulas sobre el aspecto físico. ¿Otorga la belleza un plus en el mercado laboral? ¿El capital erótico facilita el acceso a puestos de poder?
 
El juzgar el aspecto físico de una persona que opta a un puesto de trabajo es algo absolutamente discrecional y arbitrario y no guarda ninguna relación con sus aptitudes, talento y capacidades para desempeñar un futuro puesto de trabajo.

 
Contra la discriminación estética, RRHH de la mano de la alta dirección de la empresa debe:

-          Trabajar en planes de igualdad  y diversidad para evitar cualquier tipo de discriminación en la empresa, no tolerando actitudes que la fomenten.

-          Recordar no confundir la higiene y una presencia cuidada con la belleza.

-          Poner el foco en el talento de las personas, en su capacidad de trabajo y compromiso, no en su estética.

-          Dejar que la presión social sobre el aspecto físico no traspase las puertas de la organización mediante una cultura abierta, inclusiva y que valore la heterogeneidad como valor diferencial.

 
Las empresas deben grabarse a fuego en su política de gestión de personas y demostrar cada día que el talento y el desempeño no están relacionados con los kilos, la belleza y el atractivo.

 

"El prejuicio es hijo de la ignorancia."
                                                                              William Hazlitt
 


El puente de cristal

Cuando el techo de cristal se convierte en un puente


Hace unas semanas fue noticia que la comisaria Viviane Reding propondrá una norma para imponer una cuota femenina del 40% en los consejos de administración de grandes empresas europeas. Poco después hemos conocido que la propuesta ha sido rechazada por un tercio de los estados miembro de la Unión Europea, en concreto son nueve los países que se oponen a cualquier medida legalmente vinculante para equilibrar el peso de hombres y mujeres en los puestos de decisión, lo que podría obligar al Ejecutivo comunitario a revisar la propuesta.

No sé si la medida llegará a aprobarse y si funcionará, porque España tiene una cuota del 11,5 % de mujeres en los consejos de administración, por debajo de la media europea, a pesar de que es uno de los pocos países que ha legislado sobre la materia. 
La obligación de las cuotas siempre ha sido polémica, prueba de ello es que cuenta con muchos detractores, y no sólo de género masculino. No obstante, si no se regulase el aumento de la representación femenina en puestos directivos, no se podrían eliminar las prácticas discriminatorias que históricamente han excluido a las mujeres del mercado laboral y en especial, de puestos de responsabilidad.

¿Cuál es mi opinión al respecto? La respuesta puedo darla contando algunas experiencias que he vivido desde que empecé a trabajar hace once años:
  • Procesos de selección en los que como consultora, un cliente me advertía que no quería ver ni una candidata finalista, aunque tuviera el mejor cv de todas las personas que aspiraban al puesto. ¡Sólo hombres!
  • Algún proceso de selección de discriminación positiva, donde el perfil profesional era mucho más exigente que el de un hombre en la misma posición.
  • Mi salario ha sido menor que el de un compañero con las mismas funciones y responsabilidades que las mías. 
  • He sufrido un trato inapropiado o irrespetuoso en el terreno profesional por mi género.
  • He tenido que aclarar en una entrevista de trabajo si estaba embarazada, tenía hijos o planes de aumentar la familia. ¿Habéis pensado cuántas veces se le pregunta esto a un candidato? ¿O si es relevante que su mujer esté embarazada en el momento de la entrevista?
Esta semana tuve el placer de ser convocada a una mesa de trabajo para intercambiar experiencias en torno al proyecto PRODIRECTIVAS. Este proyecto tiene entre sus objetivos la elaboración de una guía de buenas prácticas como herramienta para conseguir una mayor incorporación de las mujeres a los consejos de administración en países europeos.
Asistieron mujeres muy interesantes desde el punto de vista personal y profesional y como conclusión de todas las reflexiones que se pusieron encima de la mesa destaco las siguientes:
  1. La afirmación de las Secretarias de la Mujer en Andalucía de CCOO y UGT sobre cómo la crisis ha hecho involucionar el camino logrado para la presencia  y el estatus laboral de la mujer. Prueba de ello es el aumento de los casos de “mobbing maternal” y los despidos de mujeres embarazadas.
  2. Hay leyes cuyo cumplimiento es más laxo que otras, como ocurre con la Ley de Igualdad y la LISMI.
  3. Los esfuerzos que se hagan en el terreno profesional deben ir acompañados con otros paralelos en el sistema educativo y en la cultura social.
  4. Los estudios realizados sobre productividad ponen de manifiesto el éxito de las empresas que saben gestionar la diversidad de cualquier tipo, género, raza, edad, etc.
Creo que la obligación de las cuotas es una iniciativa que no será perfecta, pero que resulta necesaria para luchar contra el desequilibrio entre hombres y mujeres en las cúpulas directivas. Sin embargo me pregunto... 

¿Hasta qué punto son efectivas si el problema empieza en casa? 
¿La sociedad y el contexto cultural apoyan el alcance y la aceptación de estas cuotas?

Hace más de tres años tuve una reunión con una compañera de trabajo para ofrecerle promocionar a un puesto de mando intermedio. Esta compañera me dijo que le encantaría pero que no podía aceptarlo porque el tiempo de presencia que se le exigiría en ese puesto, sería muy superior al que tenía y no podría conciliar su vida personal con el trabajo. Le di la razón, porque en aquel momento no era raro que nos convocaran a una reunión después de las ocho y media de la tarde.
Afortunadamente, esa misma compañera tiene en la actualidad la categoría profesional que entonces tuvo que rechazar, gracias a que la política de la organización cambió de la única manera que puede producirse un cambio tan radical, con la incorporación de un máximo responsable que cree en una manera más humana de gestionar personas.
Cuando el CEO cree en la igualdad, se adoptan medidas que realmente apoyan la carrera profesional de las mujeres y se empieza a trabajar en algo clave para poder conseguirlo, el fomento de la cultura de corresponsabilidad.

En nuestro caso el camino no ha sido fácil y todo el avance que hemos logrado en materia de conciliación e igualdad ha estado respaldado por el cambio en la más alta dirección e impulsado por el equipo de RRHH, no sólo porque creemos en ello como parte de nuestro trabajo, sino también porque somos un equipo con un gran número de mujeres.

A título personal, puedo decir que mis padres y mi marido son los que siempre me han ayudado y animado en mi crecimiento como persona y como profesional. Mis padres educándome con una filosofía de vida sencilla: “puedes conseguir lo que quieras en esta vida, sólo tienes que luchar y trabajar duro para lograrlo”. En el caso de mi pareja, dándome alas para volar donde quiera llegar con un apoyo incondicional, sin inseguridades ni reproches de ningún tipo.
Estoy segura de que si cuando teníamos en la empresa esos horarios demenciales hubiera tenido también en casa el techo de cristal, no sería la misma persona que soy ahora, ni habría podido sobrellevar los malos momentos vividos por no poder estar el tiempo que necesitaba disfrutar de mi familia.

No es infrecuente encontrar mujeres que esconden su talento por no hacer sombra a sus maridos, por cuidar a sus hijos o por evitar conflictos de toda clase.
Me sorprendió una conversación que tuve hace poco con una mujer en la que me contaba que había dejado su carrera para cuidar a sus hijos porque se lo había pedido su marido, les era más rentable que pagar la guardería y la ayuda en las tareas domésticas. Lo curioso es que era ella la que trataba de convencerme de que había sido idea de su marido, pero decisión suya. A pesar de sus esfuerzos o quizás precisamente por esos esfuerzos, el discurso me sonaba poco coherente y pensé: ¡qué pena perder a una buena profesional!

Cuando el techo de cristal empieza en el hogar donde la niña es educada, continúa en su casa cuando forma una familia y llega hasta el trabajo, se convierte en un puente de cristal casi imposible de romper.

Soy madre de dos niños y tengo la responsabilidad de educarles para que sean corresponsables y sepan respetar y valorar a las personas por quienes son, sin importar raza, religión, discapacidad, edad, género o cultura.

Soy directora de RRHH  y tengo la responsabilidad de velar para que haya un trato justo en la organización y en su gestión, independientemente del género.

Pero sobre todo soy mujer y tengo una gran responsabilidad, continuar trabajando con la ayuda de todos los hombres y mujeres para evolucionar a una sociedad en la que legislar las cuotas femeninas en los consejos de administración carezca de sentido.


“La democracia lleva el nombre más bello que existe: Igualdad.”             
                                                                                         
                                                                                                                Heródoto