¿Eres capaz de inspirar a los demás?


Continuando con el tema que ha centrado las últimas entradas del blog, el liderazgo, le he pedido a @pemardi que cuente su visión sobre el liderazgo inspirador, del que hemos conversado en numerosas ocasiones.

A lo largo de nuestra vida profesional nos cruzamos con personas que dejan una huella en nosotros, nos inspiran, nos motivan y se hacen merecedores de nuestra confianza y nuestro compromiso. Estos líderes que trabajan desde la inspiración son capaces de generar culturas y entornos en la organización que favorecen el aprendizaje y la innovación. Saben motivar desde una dimensión humana y una de las claves de su éxito es la capacidad de aflorar la autonomía de sus seguidores y obtener lo mejor de sí mismos.
Inspirar no es liderar, es ir más allá. 

Aquí os dejo sus reflexiones.
Pedro, gracias por tu colaboración.


LIDERAR DESDE LA INSPIRACIÓN 


Algo habitual en nuestras vidas ocupadas y a veces pilotadas automáticamente es que podemos empezar a cambiar el sentido de la inspiración por el de la simple expectación, por ver qué pasa en vez de generar nuestra propia manera de hacer. Si lideramos con excelencia, nuestro papel principal debe ser el de inspirar a aquellos que nos rodean, sabiendo que si alguno de nuestros compañeros y colaboradores se siente movido por alguien en quien confía, el problema de generar expectativas deja de existir, las personas confían en sus líderes, no es necesario “vender la moto”. De hecho, en mi experiencia personal, el hecho de generar expectativas necesita después tener que gestionarlas, lo que baja el listón motivacional y aleja al equipo del auto crecimiento y de funcionar al máximo de su potencial.

Echando un vistazo al trabajo y a las relaciones profesionales de cada día, las expectativas pueden a veces cegar o bloquear nuestra capacidad de ver con claridad. Cuando esperamos una conducta o un resultado sólo miramos esa faceta de la situación y nos perdemos el resto de sensaciones involucradas en esa relación profesional, todo tiene muchos matices.

Una situación que puede ilustrar lo que estoy contando puede ser el comentario de un participante en uno de los cursos que he impartido recientemente, un curso sobre el concepto de liderazgo en el que tratamos cuestiones relativas a la necesidad de escucha, empatía y asertividad. Me decía este participante que cuando alguien se pone en disposición real de escucha, realmente está yendo más allá de hacer justamente eso: escuchar, porque además está sintiendo. Comentaba lo siguiente: “Nuestro trabajo sería mucho mejor si nos parásemos a escuchar lo que un compañero o un cliente nos dice, si nos involucrásemos de verdad en la necesidad del otro y, sobre todo, si no anticipásemos, según nuestras propias creencias, experiencias y expectativas, lo que intuimos que van a decirnos.”

Esta percepción es más que cierta y no sólo en el trabajo. En casa es también evidente cuándo escuchas y eres escuchado o cuándo simplemente eres oído.

Si asistes a una reunión o mantienes una conversación con una serie de expectativas preestablecidas sobre su resultado, estás limitando lo que vas a descubrir y lo que vas a aprender de ésta.

En el mismo sentido, el desarrollo y los resultados en cualquier proyecto están acotados por lo que esperas obtener, igual que una conversación está condicionada por lo que esperas escuchar, adelgazando enormemente la posibilidad de crecimiento y de mejora. Este “estado mental” es la misma piedra con la que tropezamos mil veces cuando pretendemos desarrollar un ambiente creativo y respetuoso en nuestro equipo de trabajo.

Por lo tanto, si la inspiración es una mejor manera de guiar y generar influencia en vez de establecer expectativas, ¿cómo podemos inspirar? La inspiración necesita de la personalidad del líder, la capacidad de ver con claridad qué está pasando en este lugar y en este justo momento en vez de mirar sólo en función de expectativas, la inteligencia de intuir el potencial de creatividad ilimitada de nuestros compañeros, la habilidad de permitir que tu equipo se equivoque y apoyarlo y la grandeza de estar abierto a tener en cuenta lo que surja como elemento de mejora.

Si te apetece hacer el experimento, echa un vistazo a lo que tienes puesto en tu agenda para esta semana, relájate en tu silla y hazte estas preguntas:

• ¿Qué podría haber hecho mejor si hubiera mantenido las reuniones de ayer con la mente abierta en vez de haber ido con mis propias expectativas y con unos objetivos cerrados?

• ¿Puedo dejar de esperar algo en concreto y de una determinada manera de mi equipo, de mis jefes, de mis hijos o de mis amigos y simplemente estar presente con la real intención de escuchar?

• ¿Podría esta franqueza inspirar a otros a salir de su “zona de confort” y generar un clima de mayor confianza?

La mejor consecuencia de ejercer el liderazgo con responsabilidad es la de desarrollar nuevos líderes.
Cuando no nos limitamos a generar expectativas, sino que actuamos desde una dimensión humana, desde la humildad, y lo que decimos y hacemos es coherente con nuestro liderazgo, es cuando transmitimos respeto, visión, pasión, compromiso, arte e inspiración.

Los mejores líderes generan equipos y personas que saben actuar con autonomía, perdiendo el miedo al peligro de equivocarse porque se sienten respaldados; engendran profesionales seguros de ellos mismos, capaces de asumir retos sabiendo que las consecuencias serán siempre buenas, si fallan porque tienen una red y si triunfan, porque sabrán que se les va a reconocer. Liderar no es tirar de un carro o empujar a otros a que tiren, liderar no es exhibir plumas como un pavo real.

Pero entonces, ¿cómo trabaja un líder inspirador?, ¿cómo inspira a sus equipos? Es principalmente por las siguientes cualidades por las que se reconoce a un auténtico líder inspirador:

1. TENER UNA ACTITUD INTERIOR POSITIVA

¿Cómo, en primer lugar, tener una influencia positiva sobre el equipo si no se tiene plena conciencia del poder que se ejerce sobre ellos en un momento dado? Una influencia que depende de nuestros actos, suscita en cada persona todo tipo de reacciones, desde la hostilidad hasta la admiración, pasando por la indiferencia. En efecto, siempre ejercemos alguna influencia, consciente o inconscientemente, a través de lo que hacemos y de lo que decimos en función de nuestras actitudes interiores.

Siendo esto así, el líder debe conocerse a sí mismo para adquirir progresivamente una actitud interior positiva: confianza, comprensión, espíritu constructivo de cara al futuro. Una actitud que le permita ejercer una influencia positiva sobre el equipo y sobre un número creciente de personas.

2. FOMENTAR LA EMPATÍA

El segundo factor que convierte a un líder en inspirador reside en su aptitud empática, que es la facultad de ponerse en el lugar de su equipo, sentir lo que sienten, identificarse con ellos. No olvidemos que aunque las personas actúan principalmente de manera racional, esto no excluye que su comportamiento y sus actividades sean en gran medida el resultado de factores emotivos.

¿Es necesario insistir, en la línea de Maslow, en el hecho de que las personas buscan realizarse en su trabajo, obtener una satisfacción? Corresponde al líder saber descubrir en sus colaboradores una ambición (sin duda diferente de una persona a otra), con el fin de permitirles satisfacerla en su trabajo.

Es imprescindible esforzarse por conocer al equipo, interesarse por ellos, intentando comprender sus actitudes y sus sentimientos. Y no sólo en el trabajo, sino también fuera del entorno profesional.

3. SABER DECIDIR Y CORRER RIESGOS

Uno de los factores esenciales, quizás el más importante, del liderazgo es la capacidad de asumir sus funciones de responsable. Ahora bien, ¿qué esperan las personas a las que dirige? Que les lleve al éxito. La motivación es una primera condición para ello. La segunda depende de la cualidad fundamental que se le exige a un líder: la capacidad de tomar decisiones, lo que implica poseer las competencias requeridas y, sobre todo, aceptar los riesgos inherentes a estas decisiones. Correr un riesgo cada día, para construir cotidianamente el futuro de la empresa, y aceptar y asumir sus consecuencias.

Un buen profesional de los RRHH podría identificar qué tipo de líder tiene cada equipo de trabajo observando el comportamiento de esas personas en un contexto profesional. Sabremos que un líder inspirador tendrá a su lado a personas alegres, con espíritu para arriesgarse, responsables, divertidas, relajadas, trabajadoras y optimistas ante el futuro.

Por último, tengamos en cuenta una reflexión final: una persona sólo puede ser un buen líder inspirador para los demás cuando lo sea para sí mismo.



"El mejor maestro es el que sugiere en lugar de imponer, e inspira a sus oyentes con el deseo de aprender"
Edward G. Bulwer-Lytton